LA COMPETENCIA DESLEAL, UN DESASTRE PARA LA EMPRESA

Estamos sumidos en una época en la que las buenas noticias brillan por su ausencia. Sobrevivir empresarialmente, en parte por la deslealtad de la competencia, resulta harto complicado. Si a dicha situación le sumamos la continúa violación de las normas, por parte de todos, justificadas por la preocupante situación económica, el resultado es desastroso.

Esta reflexión nos podría llevar a una conclusión: sin la igualdad de oportunidades, la libertad de empresa no existe y cualquier acto que sea desleal o vaya en contra del mercado debe ser reprimido.

En tiempos de bonanza, muchos empresarios y profesionales denominaban a determinados comportamientos como chapuzas, extras o nimiedades, pero gran parte de ellos no supieron ver que ”de aquellos barros vienen estos lodos”.

COMPETENCIA “LEAL”, UNA LUCHA DE TODOS

Actualmente, las sonadas medidas que quiere aplicar el Ejecutivo para atajar esta lacra social, resultan totalmente ineficaces, por diversos motivos, pero si tuviera que destacar uno es la escasez de recursos. Por ello debe ser el propio perjudicado el que debe velar por que dichas situaciones no se materialicen y resulten impunes con el consiguiente deterioro del sistema.

Una de las herramientas que tiene a su disposición la sociedad es el Detective Privado. Éste debe ser un profesional altamente cualificado que puede aportar a los procesos las pruebas necesarias para erradicar por medio de una investigación concienzuda y un trabajo riguroso dichas conductas.

A lo largo de mi vida profesional, son muchas las investigaciones que se han materializado dando un resultado altamente positivo. Es una inversión que repercutirá en el agraviado de forma positiva y considerada.

Podríamos profundizar en los diferentes aspectos a tratar, en sus tipologías (actos de explotación de reputación ajena, confusión, actos de imitación, actos de engaño, actos de denigración, violación de secretos,…) referidos a nuestra competencia pero… ¿Quién no reconoce dichos comportamientos en su entorno más próximo o dentro de su profesión? ¿Se han detenido a calcular el daño que les causa? ¿Han determinado la pérdida económica y de imagen por una mala praxis?

Reflexionemos, ¿podríamos hacer algo por cambiar dicha situación? ¿qué beneficios obtendríamos ?

Para terminar un pensamiento de Philip Kotler : “Hoy tienes que correr más rápido para estar en el mismo lugar”

JORGE ROSADO

Socio-Director de ADLERTIME

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